viernes, 16 de enero de 2009

Personajes: Hjiádfahl, emperatriz consorte

Ya he hablado largo y tendido sobre el emperador en una entrada anterior. Ahora le toca el turno a Hjíadfahl, la emperatriz.





"La emperatriz era una jovenzuela que pasaba por su decimoctavo
invierno; aun conservaba cara de niña, redonda y pecosa, sus ojos grandes y su
nariz respingona le daban un aire travieso, todo enmarcado por una hermosa
melena dorada con dos largas trenzas que caían desde la diadema de plata
delicadamente trabajada, puesta a modo de corona."





Debo empezar reconociendo que apareció en un momento algo tardío; en principio el Emperador permanecía viudo a lo largo de toda la historia, pero desde el momento en que decidí introducir a este personaje, resultó dar mucho juego, propiciando, de entrada, un triángulo amoroso con Urúndakh, el heredero y dándole a éste una nueva motivación para sus actos posteriores. También me da la oportunidad de profundizar en las leyes y costumbres de Nordheim, dando a entender que la poligamia, o al menos la bigamia, es una práctica corriente entre la realeza y la nobleza del imperio (aunque, en este caso, las dos esposas no coincidan, ya que la primera ha muerto)

En cuanto a la inspiración para el personaje, surgió de una manera absolutamente casual: en una fase totalmente embrionaria, cuando apenas estaba definido, vi en la web de msn (esa que sale cuando abres el correo y que nunca me acuerdo de configurar para quitarla) el típico reportaje chorras, en este caso, un pase de moda de lencería. La modelo que salía en la foto inicial llamó poderosamente mi atención y empecé a indagar sobre ella






Jessica Stam, modelo canadiense de 22 años, resultó ser la encarnación perfecta para Hjíadfahl. Bueno, vale, lo de las pecas es una aportación propia, pero quizá venga por el influjo de una película que me entusiasmó: Beowulf, de Robert Zemeckis











He aquí a las dos reinas de Beowulf. La excelente película de animación 3D, adaptación soberbia del poema épico anglosajón, que ha resultado ser una de mis grandes influencias a nivel visual. El parecido de Hjíadfahl con Úrsula, la más joven es un tanto evidente, pero al describir su aspecto también tenía en cuenta a la mayor, Welthew. La mezcla de todas esta imágenes conforman el aspecto definitivo de la reina (quizá haga una dibujo, pero los personajes femeninos se me dan peor)

Como ya he comentado, Hjíadfahl es un personaje que tendrá bastante influencia en el devenir de los acontecontecimientos, aunque más adelante cederá protagonimo ante otro personaje que hasta entonces se mantendrá en un discreto segundo plano... pero eso prefiero dejarlo para el momento adecuado.

jueves, 15 de enero de 2009

Trasfondo y ambientción: Los hombres dragón

Es curioso que,siendo uno de las criaturas a las que llevo más tiempo dando vueltas sobre su concepto y diseño, haya tardado tanto en hablar de ellas, pero ahí está:

"Los hombres dragón. Urundakh se preguntó que tendrían de hombre esas criaturas, aparte del nombre. Casi tan estremecedor como el sacrificio a Wurmdag fue ver por primera vez el nacimiento de uno de esos monstruos. La semilla del dragón era depositada en decenas de desgraciadas esclavas y prisioneras cada semana y a la siguiente daban a luz a pequeños demonios que en tres meses ya eran más grandes que un hombre. Cuando alcanzaban su máximo tamaño, le sacaban la cabeza al los hombres más altos y triplicaban su peso. Tenían la ferocidad de un oso y el doble de su fuerza y eran obedientes y rematadamente estúpidos: el soldado perfecto.

¿Y las mujeres? Lo normal es que al mes murieran de agotamiento, si es que antes no se habían desangrado o sucumbido a alguna complicación por sacar de su vientre a un monstruo el doble de grande que un bebé normal."


La prole del dragón. Así se conoce a estas criaturas que conforman buena parte del ejécito imperial. Si éste no está compuesto exclusivamente por estas bestias, se debe únicamente al tiempo y recursos que hay que invertir en su cria, aunque desde luego, son una fuerza de choque formidable, y siempre son colocados en primera línea de batalla, provocando desde el primer momento un daño bastante serio entre las filas enemigas, que se ven impotentes ante el empuje destructivo de estas moles que son todo músculos y piel escamosa.

Es posible que algunos, al leer esto, penséis que me he inspirado de una manera no demasiado disimulada en los trolls de El Señor de los Anillos, aunque, inicialmente, no pensé en ellos cuando ideé a la prole del dragón, si no en algo mucho más real y tangible.


Este es el gigantopitheco, un simio gigante emparentado con el orangután, sólo que de un tamaño mucho mayor; de hecho es el primate más grande que se sepa que ha existido, llegando a una altura de hasta tres metros. Vivía en el sureste asíatico y las causas de su extinción no están muy claras, quizá se debió a los cambios climáticos, o a no poder superara la competencia con otros animales.
Me he tomado la libertad de modificar el aspecto de este animal para que sea algo más amenazador y, obviamente, draconiano. Los hombres dragón tienen una gruesa piel escamosa, con algunas escamas abultadas y endurecidas sobre el lomo y los hombros a modo de refuerzo blindado. Su morro es más alargado y recuerda ligeramente al de un cocodrilo o un dinosaurio carnívoro, con colmillos sobresalientes en ambas mandíbulas, especialmente los superiores. Para rematar, tienen unos pequeños cuernecillos en la frente.

En cuanto al momento en el que aparecerán, no os impacientéis, está bastante cercano.



martes, 6 de enero de 2009

Empezando el principio

Bueno,está costando más de lo esperado.
La verdad es que iba bastante lanzado: tenía como 5 o 6 páginas del primer capítulo, pero entonces me di cuenta de que no paraba de dar vueltas sobre la misma idea y que no estaba llegando a ninguna parte; desde luego, no a donde quiero ir.
Sin embargo, no ha sido tiempo perdido, he sacado algunas cosas en claro que son bastante aprovechables, como el excelente principio que ya os enseñé hace un par de entradas (a veces me molo a mi mismo) o la perfilación del personaje de Illgwenn, al que hasta ahora no tenía demasiado definido, sin embargo, quiero quitar algo de paja e ir a lo importante, aunque aún estoy en el camino de hallar cómo hacerlo.

Tampoco quiero descuidar las otras líneas argumentales: he retomado la historia de Nurdjiemf y Urúndakh, que ahora mismo es la que más me estimula. Para muestra, un botón:

"Urúndakh observó a su padre, que contemplaba el paisaje invernal a través de la ventanilla. Aún en su vejez, mantenía el porte y la fortaleza con los que había conquistado medio mundo. El gran dragón Wurmdag dormía ahora, hasta el momento en que volviera a ser invocado para una nueva campaña. El heredero mantenía un recuerdo vívido de lo que había pasado veinte años atrás, a medio mundo de distancia, cuando contempló, con un pavor que procuraba ocultar a la vista de su padre, cómo la oscura criatura que había surgido de las entrañas de la tierra con una forma apenas humana, se transformaba en un dragón mientras devoraba aún viva a la muchachilla que había sido ofrecida como víctima. También recordaba, aún con más temor, cómo El gran señor del Norte alabó el gesto del jefecillo tribal que los guió hasta la caverna, que ofreció a su propio hijo como sacrificio; Urúndakh observó y tomó buena nota."

Como veis, quiero profundizar un poco en la personalidad de las dos personas más poderosas del imperio: sus anhelos, sus miedos... Ya hemos comprobado cómo Nudjiemf se comporta como un déspota cegado por la ambición, pero se empezará a ver cómo su propósito de hacer de su heredero alguien a su imagen y semejanza ha transformado al primogénito en una sombra tras el trono de peligroso poder... pero no quiero adelantar demasiado.

En cuanto al bueno de Djiorenf, sólo decir que me ofrecerá la oportunidad de mostrar por primera vez a los bichos draconianos engendrados por Wurmdag, que no se lo pondrán nada fácil para llegar a su primera etapa del viaje... ya veréis, ya

De momento, eso es todo. Permaneced en sintonía

viernes, 12 de diciembre de 2008

Estoy de vuelta

Tras el parón producido por las razones explicadas en la entrada anterior, agravado por la celebración del festival de cine de de Gijón, que requería dedicación absoluta por mi parte para cubrir el evento para fantasymundo.com, vuelvo a retomar El destino de Dháegrim donde lo dejé, con nuestro protagonista teniendo un sueño premonitorio (quizá demasiado esclarecedor) que será el punto de partida del viaje de nuestro héroe y en el que se aportan algunas claves sobre acontecimientos futuros.
Tenemos, además, presentación de un nuevo escenario, el poblado de las druidesas del Valle Sagrado, (probablemente este nombre cambie en el futuro) y de Ílgwenn, la archidruidesa que ha aleccionado a Dháegrim en su infancia y que le pondrá en el camimo que le lllevará a cumplir su destino, sea éste cual sea.

He aquí la somera descripción que hago de Illgwenn:

"...la archidruidesa tenía un tono más grave de lo normal: era la persona más anciana del santuario y la que aparentaba más edad: en el pasado había abandonado el valle varias veces durante largas temporadas, sirviendo a los reyes de Éyrdath cuando éstos solicitaban sus servicios, y tenía ahora el aspecto de una mujer madura, casi anciana, pero llena de vitalidad, a pesar de que decía haber visto y vivido cosas terribles de las que apenas hablaba. Tenía un rostro armonioso y aún conservaba bastante de la belleza de la que había gozado en su juventud, dejada atrás hacía muchos años, pero las estancias fuera del santuario lo habían marcado con arrugas, tiñendo de plata su melena de un castaño casi rubio, dotándola de una expresión de venerable bondad que ocultaba profundas cicatrices que a veces se podían atisbar en sus ojos verdes, como en esa ocasión."


Como es habitual, Illgwenn tiene su correspondiente cinematográfico, la actriz que la interpretaría en la hipotética adaptación de la novela: se trata de Frances Conroy, conocida especialmente por haber encarnado a la madre viuda de "A dos metros bajo tierra"



Hay algo más que no he comentado: este primer capítulo de El destino de Dháegrim es el que más veces he iniciado y reescrito, sin llegar a completar, hasta ahora, una versión satisfactoria. Las primeras versiones se remontan a hace unos siete u ocho años y eran realmente penosas (me remito a la primera entrada de este blog para que esto quede más claro) Esta vez, sin embargo, parece que voy por el buen camino.

Esto es todo por ahora. Como siempre, la cosa continuará.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Un pequeño impasse

Hay un pequeño parón en la escritura del Destino de Dháegrim, debido a cuestiones de estilo que creo necesario explicar.

Ya había comentado que no es para nada mi intención escribir otro "El señor de los anillos" u otra "Guerra de las galaxias". Esto es especialmente aplicable a la historia del propio Dháegrim que, básicamente es el viaje del héroe, aunque con un matiz dramático que conviene no desvelar. Así que, mientras resuelvo cómo contar lo que quiero contar, me centraré en otras líneas de la historia que debo planificar un poco antes de llegar a un callejón sin salida, como ya me ha ocurrido anteriormente.

Voy a recapitular.
Las cosas están así: Djioremf, acompañado por Bléadd se dirige a Súdenkar, el reino vecino en el que su hermana Aldbáen es reina consorte, pero por el camino se encuentra con unos hombres enviados por el padre de Ílswenn, su amada, para que les guíe y proteja en el largo camino. El emperador Nurdjiemf y su hijo Urúndakh se dirigen de vuelta a la capital del imperio, en donde prepararán una ofensiva con la que eliminar a la rebelión. Será un buen momento para presentar a Hjíadfahl, la joven emperatriz y explicar por qué no estaba presente en el funeral.

¿Y Dháegrim? Aquí está el principal problema. De momento, os voy a dejar con el inicio de lo que será el capítulo 1. Se agradecerán opiniones.


Dháegrim caminaba en solitario por lo que había sido el escenario de una cruenta batalla. Una espesa niebla cubría la planicie y aquí y allá iban apareciendo cadáveres de soldados con los cuerpos destrozados, los miembros cercenados o con flechas clavadas. Dháegrim era poco más que un niño y nunca había visto nada semejante, por lo que sintió una gran inquietud. El silencio era absoluto, hasta que distinguió el graznido de un cuervo. Avanzó hacia la fuente del sonido y se dio cuenta de que la niebla se iba despejando; al fin pudo ver con toda claridad una elevación, como una pequeña colina, probablemente un antiguo túmulo. En la cima había un sitial de piedra, sobre el que estaba posado un cuervo que graznaba y le observaba. Dháegrim ascendió por la ladera. El cuervo mantenía la vista fija en él, reclamándolo. Cuando por fin llegó al sitial de piedra, se sentó y esperó, hasta que en la distancia pudo distinguir a un jinete que se acercaba. Dháegrim bajó desde lo alto para poder recibirle. Cuando el jinete estuvo más cerca, pudo ver que era una mujer, pertrechada con cota de maya y un larga lanza; su melena pelirroja ondeaba al viento. La mujer aminoró la marcha hasta llegar a donde él estaba. Parecía tener bastante estatura y poseía un porte orgulloso. Miró a Dháegrim desde lo alto y él pudo ver que estaba llorando. Turbado, Dháegrim decidió preguntar.


-¿Por qué llora una mujer como tú, de figura tan noble?

-La razón por la que lloro –respondió ella –no puedes conocerla aún.


Sin decir nada más, la mujer espoleó al caballo y continuó cabalgando, dejando a Dháegrim confuso. Cuando se giró para volver al sitial, se sorprendió al ver que el cuervo había sido substituido por una lechuza que ululaba con inquietud. Al volver a sentarse, la noche cayó repentinamente. Dháegrim se asustó, pero permaneció sentado. De improviso, una enorme llamarada rasgó la oscuridad sobre su cabeza y al alzar la vista, vio dos dragones que luchaban en el cielo; uno de ellos era blanco, con unas enormes astas parecidas a las de un ciervo, el otro era negro y su figura se desdibujaba en la oscuridad cuando no estaba iluminada por el fuego. Los dragones giraban, atacándose con ferocidad, pero ninguno parecía prevalecer sobre el otro. Finalmente, sus llamaradas se encontraron, estallando en una gran bola de fuego que iluminó la llanura. Cuando el fuego se desvaneció, las dos criaturas cayeron al suelo, inertes.

Por cierto, releyéndolo ahora, no puedo evitar darme cuenta de un ligero parecido con el pasaje en de El señor de los anillos en el que Frodo, tras huir de Boromir, contempla, con el anillo aún puesto, cómo las tropas de Sauron atacan en cada rincón a los pueblos libres de la Tierra Media. La sombra de Tolkien es alargada... Sin embargo, creo que la influencia más directa es (al menos en el estilo) ciertas leyendas célticas que he estado leyendo últimamente. En cuanto a la aparición de la misteriosa amazona, me remito a la primera entrada del blog, en la que os contaba que esa había sido la primera imagen que tuve de toda esta historia, hace ya mucho tiempo ¿os acordáis?

Pues así están las cosas, pero tranquilos, el parón no duarará. Sigo escribiendo.

miércoles, 22 de octubre de 2008

Personaje:Nurdjiemf Árgdesom, emperador de Nordheim

[…]

-Lo siento, padre, ha sido por mi culpa; yo insistí en verte. He de decirte algo muy urgente e importante.

Nurdjiemf le miró, aún furioso, pero al calmarse, su voz reflejó un cierto desprecio.

-Pasa entonces, Djiorenf.

De boca de su padre, su nombre le sonó como un insulto. […] Nurdjiemf era alguien que intimidaba sólo con su presencia: alto, corpulento, de hombros anchos y brazos fuertes. Sus ojos, oscuros y escrutadores, quedaban ensombrecidos por las espesas y prominentes cejas. La nariz era ligeramente aguileña. El rostro quedaba enmarcado por una larga melena y una espesa barba erizada, ambas grises. A pesar de estar avejentado, su corazón latía aún con fuerza.

[…]

-Padre, he venido a despedirme. Lo tengo todo dispuesto. Partiré mañana al alba.

-Ya lo sabía, hijo, desde hace tiempo.

Djiorenf se quedó boquiabierto y no reaccionó hasta que el rostro de su padre insinuó una expresión divertida.

-¿¡Cómo que ya lo sabías!?

Nurdjiemf soltó una risilla áspera.

-¿Acaso creías que podía ocurrir algo así en mi propia casa sin que yo me enterara? No lo has hecho mal del todo, pero no has sabido ser lo bastante discreto. Yo tengo oídos en todas partes, Djiorenf. Sé todos los detalles, al menos los más importantes: sé que deseas librarte de mí y Urúndakh desde hace ya años, que has estado urdiendo esta fuga con tu maldita hermana, la traidora que se ha atrevido a desafiarme y que me odia tanto que ni siquiera ha enviado un mísero representante al funeral de Núrumbaf. También sé que la esposa de éste, ahora su desconsolada viuda, ha sido la recadera que os mantenía en contacto y sé que correrás a reunirte con esa cría con la que llevas meses retozando, la hija de los señores de Súdenkar, otros renegados que se han vuelto contra su emperador. ¡Tres mujeres! –Soltó una carcajada- ¿Correrás a esconderte bajo sus faldas y dejarás que dominen tu vida? En ese caso, me alegro de perderte de vista y dejar de considerarte un hombre de mi linaje.

La seguridad y el valor que Djiorenf había conseguido reunir empezaban ahora a quebrarse, pero intentó que no se le notara cuando volvió a hablar.

-Un linaje deshonrado, mi señor –procuró evitar volver a llamarle “padre”- Nuestros antepasados no llevaron Nordheim a la gloria por medio de hechicerías y malas artes. No quiero ser partícipe de tales afrentas a los dioses. Odio esta situación, pero las revueltas no se originan sin ninguna razón.

-¡Por todos los dioses! ¿Acaso un muchachillo imberbe y malcriado va a decirme cómo he de gobernar mi imperio? ¿Has combatido en una batalla, dirigiendo a los ejércitos? ¿Sabes algo de justicia, administración o diplomacia? ¿Eres diestro con las armas? No, porque te has pasado la vida lloriqueando y con la nariz metida en los libros, soñando con tonterías, en vez de aprender ser un buen monarca.

-¡Un buen monarca no derrocha crueldad y ambición como tú! ¡Abarcas más de lo que puedes! –Hizo una pausa para calmarse- Hace tiempo que deberías haberte frenado y disfrutar en paz de lo conseguido. ¿No sería este un buen momento para eso?

Nurdjiemf se levantó, caminó hacia la ventana y volvió a hablar.

-Siempre estaremos en guerra con alguien, es inevitable. Además, la inactividad prolongada sólo lleva a la decadencia y la molicie. Tú, que no paras de andar entre libros y legajos como un ratoncillo, deberías saberlo mejor que nadie. –Le echó una mirada maliciosa a Djiorenf. –Además ¿Por qué debería importarte ya todo esto? ¿No te vas a marchar lejos y para siempre? Los asuntos de estado de Nordheim ya no son de tu incumbencia ¿verdad?

-No, mi señor –Djiorenf retrocedió- Supongo entonces que no encontraré ninguna traba ni impedimento en mi marcha ¿verdad?

-No, Djiorenf. Parte inmediatamente, ya que tanto lo deseas.

-Entonces hasta siempre, Nurdjiemf Árgdesom, Emperador de Nordheim. Espero que nuestros caminos no se vuelvan a cruzar.

-Yo también lo espero –Añadió Nurdjiemf -Por tu bien.


Éste diálogo mantenido entre Nurdjiemf y su hijo Djiorenf es una muestra bastante clara del carácter de cada uno y de las insalvables diferencias de talante y actitud ante la vida que les separan. Djiorenf es uno de los protagonistas principales de El destino de Dháegrim, pero de momento, vamos a profundizar en la figura del emperador, principalmente porque ya hice una presentación del personaje y quiero compartir el proceso de su construcción, cosa que, al fin y al cabo, es uno de los objetivos de este blog.

Hasta cierto punto, Nurdjiemf es un personaje bastante arquetípico: un hombre hecho a sí mismo, que ha sido capaz de levantar un imperio desde una remota provincia, luchando contra circunstancias adversas y escogiendo los apoyos adecuados. Los dos referentes principales para su gestación son Carlomagno e Iván el terrible, dos grandes figuras históricas que se sitúan en los dos extremos de la era feudal. Sus trayectorias vitales y las circunstancias históricas que les tocó vivir a cada uno son bastante diferentes, sin embargo, tienen algunos puntos en común: ambos eran hombre de gran carácter, como corresponde a dirigentes que se enfrentaron a grandes adversidades, la mayoría de las veces con éxito. A ambos les impulsaba la ambición de expandir sus territorios y la fe cristiana y los dos tuvieron que lidiar con señores feudales deseosos de mantener sus parcelas de poder. Las grandes diferencias se dan en su personalidad: Carlomagno fue un continuador de la obra de su padre, Pipino el breve, y desde muy joven le acompañó en algunas campañas, forjando una personalidad fuerte y grandes dotes de mando, con las que fue capaz de crear un imperio que pudo ser un digno sucesor del mismo Imperio Romano, si le hubiera sobrevivido a su muerte. Iván IV, en cambio, siempre mostró cierta inestabilidad mental, reforzada por las humillaciones a la que le sometieron en su infancia los boyardos, la alta nobleza de Rusia, a los que mantuvo en el punto de mira de su ira durante el resto de su vida. Sin embargo, no fue hasta la muerte de su primera esposa, Anastasía Románova, cuando sus tendencias sicopáticas se descontrolaron y comenzó a cometer verdaderas atrocidades. El acto de crueldad más recordado del primer zar, fue, sin duda, el asesinato su primogénito, el zarevich Iván. Al igual que ocurrió con Carlomagno, su heredero fue su hijo Fiódor, un dirigente débil y con poca personalidad, que fue una marioneta en manos de los boyardos; sin embargo, el Imperio Ruso sí le sobrevivió y llegó a ser uno de los más extensos de la historia de la humanidad.
























Debo reconocer que Nurdjiemf tiene más de Iván IV que de Carlomagno, ya que el ansia conquistadora que domina al emperador de Nordheim tras la muerte de su primera esposa, y que se intensificará tras cierto episodio trágico con su segundo hijo y los hechos que se desencadenan a partir de entonces, le acercan más al primer zar que al fundador del Imperio Carolingio. El padre de Nurdjiemf muere siendo él aún muy joven, pero su impronta habrá marcado ya al joven príncipe, así que cuando los nobles tomen el control con el mudo consentimiento de la reina, Nurdjiemf ya estará equipado con la determinación y el coraje que le permitirán construir el imperio sobre los cadáveres de la alta nobleza. Accede al trono tras la misteriosa muerte de su madre, de la que culpa a los nobles, aunque algunos rumores, susurrados con temor en los más recónditos rincones del imperio, acusan al propio príncipe de la muerte de la reina para acceder lo antes posible al trono y llevar a cabo sus planes de control y expansión.

Nurdjiemf no estuvo solo en sus primeros pasos; desde el principio contó con el apoyo de los pequeños nobles de los que luego saldrían los miembros de su guarda personal. También estuvo con él la oscura y misteriosa Iglesia del dragón, adoradora de Wurmdakh, el portador del caos y la oscuridad, que le dieron la clave para acceder al escondite donde reposaba el dragón desde tiempo inmemorial, el cual le ayudará a crear un ejército sobrehumano que le proporcionará una terrible ventaja sobre sus enemigos A partir de entonces, el imperio conoció una era de expansión sin precedentes, cuadruplicando su extensión en un periodo de 15 años, desde las costas occidentales hasta las estepas del oriente, y desde las heladas tierras del norte hasta las cálidas costas del mar del sur. (Tengo pendiente completar un mapa y poner nombres). El primer encuentro está narrado en el prólogo y en nuestro siguiente encuentro con el emperador, su imperio ya ha alcanzado su máxima extensión. A partir de ahí, la historia continúa…

martes, 14 de octubre de 2008

Religión y magia en los mundos de fantasía

Hablemos de un tema un poco peliagudo: ¿qué tipo de creencias religiosas son las más adecuadas a la hora de crear un mundo de fantasía? Voy a plantear mejor la pregunta: ¿qué sistema de creencias/religión encaja mejor dentro de un mundo fantástico? (¡lleno de seres extraños!)

La cuestión no es una tontería. Depende bastante del tipo de mundo que se pretenda crear. Para Tolkien, por ejemplo, era una cuestión de suma importancia; hombre de profundas creencias católicas, es curioso comprobar que la palabra "dios" es una de las que menos aparece en su obra. En el Silmarilión nos presenta a Eru o Ilúvatar, trasunto evidente del dios judeo-cristiano, un creador sin principio ni fin que da a ser a unos seres angélicos, los Ainur, que interpretan una música con la que Eru da forma al mundo y todo lo que contiene. Sin embargo, en la Tierra Media no se profesa ningún tipo de “religión”: no hay iglesias ni templos, ni ningún tipo de ceremonia religiosa, propiamente dicha. (Aunque Denethor, curiosamente, se inmola como “un rey pagano”)

La magia es de naturaleza sutil y normalmente va más allá de simples trucos. Lo normal es que sólo se use en momentos puntuales, a menudo en ocasiones de extrema necesidad, como cuando Beren y Luthien se introducen en la fortaleza de Morgoth transformados en licántropo y vampiro, o el famoso espejo de Galadriel, que muestra a quien se refleja en él lo que puede ocurrir en el futuro. En Lothlorien flota una especie de magia hermosa y tenue, que se siente pero no se llega a apreciar hasta que uno sale del bosque y regresa al mundo de los hombres (de una forma que recuerda a las leyendas célticas que hablan de paraísos feéricos y tierras de promisión, en las que todo es bueno, hermoso y placentero y el tiempo pasa mucho más despacio que en el mundo de los mortales) El propio Gandalf, el mago más poderoso de la Tierra Media, es reacio a usar la magia,Aunque cuando Saruman es derrotado, se relaja un poco en este aspecto. En la tierra Media, la magia tiene una relación evidente y directa con la voluntad y con la fuerza creadora y emana directamente de la “llama imperecedera” insuflada por Ilúvatar. No hay sitio, por tanto para el paganismo ni el animismo en el universo creado por el muy católico profesor Tolkien. Es por eso que muchas veces la magia es depositada en objetos creados por elfos o por hombres, como son los silmarils, las palantir o los anillos de poder.

El caso de mi otro gran referente, George R. R. Martin, es muy distinto. Martin pertenece a la otra gran vertiente de literatura fantástica, más sucia y “realista”, cultivada principalmente por autores americanos como Robert E. Howard o Michael Moorcock. (aunque es innegable cierta influencia de Tolkien) En Canción de hielo y fuego, nos encontramos principalmente con dos religiones distintas: la practicada en Invernalia, el extenso reino del norte dirigido por la familia Stark, es una religión de tipo animista, en la que no existen templos propiamente dichos, si no los “bosques de dioses”, cultivados en los patios de los castillos y palacios construidos para tal efecto. Por otro lado, en los reinos del sur predomina un culto politeísta en el que diferentes dioses encarnan diversos aspectos de la vida y el universo. Además, poco a poco se va extendiendo una creencia monoteísta y de corte mágico, centrado en el culto al sol y al fuego. Los seguidores de esta religión pueden adquirir grandes poderes, encauzados a través de la voluntad y la capacidad de sacrificio.


Los dos maestros dibujados por Walter Simonson


En la mayoría de novelas este es un tema tratado superficialmente y tanto la religión como la magia (especialmente la magia) suelen estar supeditadas al argumento. En muchos casos, los autores de la vertiente más cutre del género caen en la tentación de dotar a la magia de una presencia, poder e influencia exagerados, llegando ésta a sustituir a la tecnología, tendencia que también se da mucho en los juegos de rol.

Después de todo esto, llega el momento de hablar sobre cómo se aplica todo lo anteriormente dicho en “El destino de Dháegrim”.Eirdath, el reino natal de nuestro protagonista, es una sociedad de corte celtorromano, aunque el componente céltico prima en el aspecto religioso y espiritual, mientras que la organización de la sociedad ha avanzado a una estructura más “ordenada” por una influencia externa no tan agresiva como lo fue el Imperio Romano. En el caso de el Imperio Nordheim, se practica el culto al dragón (¡alabado sea el dios dragón!) por el simple hecho de que el dragón en cuestión es un ente físico presente en la vida y la historia del imperio, aunque ya profundizaré sobre estos temas en posteriores entradas. La magia, por supuesto, existe, aunque no es algo cotidiano ni omnipresente y oscila entre la magia de tipo animista/religioso y la hechicería pura y dura. Es practicada por clases sacerdotales similares a los druidas o a los sacerdotes de religiones politeístas, aparte de por todo tipo de hechiceros y brujas cuyo grado de competencia y efectividad varía enormemente.

Como veis, es un tema que aún necesito desarrollar en profundidad, aunque las líneas generales ya están trazadas. Intentaré evitar cualquier contradicción que pueda surgir de los planteamientos expuestos.

De momento, esto es todo. Seguro que os parece poco.
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